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Sadim Ingeniería, de HUNOSA, repara una gran quiebra y estabiliza la mina de Malaespera, bajo Miribilla, uno de los barrios de expansión de Bilbao

 malaespera

El derrumbe, que cegó siete años el acceso a la mina, obligó a retirar cuarenta camiones de escombros y a construir un túnel de hormigón de quince metros de largo y cinco de ancho para asegurar la zona

Jardines de Gernika, así se denomina una de las grandes avenidas de Miribilla, en otro tiempo una zona llena de minas y ahora uno de los grandes barrios de expansión urbana de Bilbao. Miles y miles de viviendas, un gran palacio de deportes, estación de tren… todo eso ha visto alumbrar, en los últimos años, el área de Miribilla, que toma el nombre de un monte cercano que, cuentan, era uno de los rincones favoritos del escritor Miguel de Unamuno. En Miribilla, entonces, se extraía hierro en las ya desaparecidas minas de Abandonada, Malaespera y San Luis, hierro que durante años se trabajaba al calor del carbón asturiano en los altos hornos vizcaínos. Testigo del pasado minero, quedan la chimenea de la Mina San Luis y las subsidencias, esos movimientos del terreno que amenazan la estabilidad de la superficie y que deben controlarse periódica y casi científicamente por personal especializado mediante las denominadas tareas de postminería.

Precisamente, un hundimiento en la mina Malaespera, que se explotó, entre 1864 y 1975, alertó a las autoridades vascas, que buscaron ayuda en Sadim Ingeniería, empresa del Grupo HUNOSA, entidad especializada en labores de control postminero, para asegurar la zona y evitar males mayores. La mina se había explotado mediante cámaras y pilares en tres niveles. Dos de ellos se cegaron, por motivos de seguridad, antes de iniciar la expansión urbana. En el primero, el que se conserva como zona visitable por aficionados a la geología, un área espectacular con cámaras y pilares, tuvo lugar el hundimiento. La quiebra afectaba al carril de salida de la autopista y los accesos al barrio, y la estabilidad de las infraestructuras se veía amenazada. Por ello, Sadim Ingeniería, adjudicataria del concurso público, se vio obligada a trabajar con técnicas mineras de avance y sostenimiento que asegurasen en todo momento la estabilidad del terreno.

Para reabrir el acceso, que permaneció siete años cegado, hubo que retirar cuarenta camiones de escombro y construir un nuevo túnel de quince metros de longitud por cinco de anchura reforzado con hormigón, trabajos que han sido desarrollados por Sadim Ingeniería. Estas labores, en la antigua explotación de siderita (mineral de hierro), resultaban fundamentales para asegurar la estabilidad del nuevo barrio. La colosal excavación subterránea tiene unas dimensiones que le permitirían albergar cuatro campos de fútbol, con zonas de 300 metros de profundidad y hasta 100 de anchura salpicadas por 72 columnas nueve metros de diámetro y hasta cerca de treinta de altura.

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